|
|
Entrevista: Ricardo Iacub, Psicologo
Lo mejor
sería vivir una vejez divertida más que saludable
Desde los griegos, la vejez padece desde miradas descalificantes
hasta medicalización permanente. Pero se está consolidando un modelo
nuevo y personal, que no olvida el valor del deseo ni del erotismo.
Por Analía Roffo

Cambio de
perspectiva. “tenemos que alojar a los viejos en una etica del
placer mas que del deber de cuidar su cuerpo como si fuera un
objeto”, dice Iacub.
Pettinato dijo
hace unos días en su programa de TV que "los Rolling Stones son los
únicos cuatro tipos que pueden vender sus arrugas". ¿Por qué la
vejez es una etapa de la vida que tiene "mala prensa"?
—Porque nosotros tenemos una versión de la vejez básicamente
griega. Occidente tiene una mirada muy particular sobre la vejez,
con orígenes precisos. Los griegos tenían un concepto negativo sobre
el envejecimiento. Habían construido una lectura polar entre la
juventud como etapa idealizada y la vejez como denigración del
sujeto, como pérdida de identidad y como lugar de lo feo. Los
romanos, a pesar de que tenían una mirada bastante más positiva de
la vejez a nivel político (el Senado estaba compuesto por hombres
mayores), a nivel estético y erótico hacían una lectura negativa.
Muchos poemas de Horacio, y de todos los grandes poetas, hablaban
acerca de lo reprobable que era la sexualidad en la vejez, por una
cuestión concreta: hombres y mujeres eran demasiado feos y llevaban
en sus cuerpos la presencia latente de la muerte. Paradójicamente,
esta sociedad posmoderna mantiene sin embargo una mirada
descalificante que nos llega desde la antigüedad clásica y del
Renacimiento mismo.
Históricamente, ¿ninguna sociedad miró a la vejez sin
prejuicios?
—La historia del pueblo judío es muy diferente. Desde sus
orígenes hubo un respeto e incluso devoción hacia los mayores, muy
propia de los pueblos del Cercano Oriente. Ellos no marcan ningún
tipo de limitación en la vejez, ni siquiera a nivel erótico.
Sostienen que la vida es una continuidad. De hecho, el pueblo judío
desciende de dos viejos, como Sara y Abraham, de los que se
descuenta que tienen vida sexual y pueden procrear. Me parece que
esta es una diferencia interesante que nos permite pensar que la
erótica es una construcción social y que buena parte de la sociedad
actual permanece fijada, desgraciadamente, en una mirada sesgada y
prejuiciosa de la vejez.
¿Pero nunca hubo reformulaciones?
—Sí. En el siglo XIX ocurren transformaciones sobre esa
mirada, a partir de privilegiar la medicalización. Aparece un
discurso fuerte y monopólico en relación con la negatividad del goce
sensual de los viejos, porque empieza a ser peligroso. Peligroso en
dos órdenes: por un lado, porque empieza a verse la energía sexual
como la corriente de energía libidinal, la energía misma de la vida.
Con lo cual, desde una mirada victoriana, lo que había que tratar de
privilegiar era el cuidado del cuerpo y la posibilidad de prolongar
la vida. ¿Por qué? Se suponía que si se gastaba mucho semen, mucha
energía libidinal, se iba a vivir menos años. Y por otro lado hay
una mirada, que va a encallar fuertemente en Freud, que supone que
el viejo va perdiendo energía y se convierte en una especie de
muerto viviente, con una sexualidad que puede volverse peligrosa.
¿Por qué? Porque al tener menos libido y ya no poder tener un
contacto erótico tradicional, genital, estos viejos pueden
retrotraerse a etapas libidinales previas y volverse perversos. En
la segunda mitad del siglo XX hubo infinidad de estudios que
barrieron con este tipo de mitos.
Hoy en día, aunque la edad no parece definir roles (se
puede ser padre o estudiante a los 60, abuelo a los 45 o jubilado a
los 50), existe una preocupación casi obsesiva por mantenerse joven,
cueste lo que cueste. ¿Por qué si han ocurrido infinitos cambios
desde los griegos a hoy, conservamos casi congelada la idea que
ellos tenían sobre la vejez?
—Creo que no está tan congelada. Creo que es un concepto que
tuvo una modificación más lenta que otros. Yo suelo hablar de una
¿revolución sexual en la vejez?, así, entre signos de pregunta.
Porque, en realidad, esa revolución les llegó más tarde a los
viejos, como les llegó más tarde a muchos. Por ejemplo, a los
discapacitados o a otros grupos. Afortunadamente, tenemos hoy toda
una serie de investigaciones y nuevas lecturas científicas que están
favoreciendo la inscripción de los viejos como sujetos sexuados.
Pero, por otro lado, como usted marca, tenemos una serie de
discursos sociales sumamente arraigados, especialmente a nivel
estético, que todavía coalicionan con esta nueva concepción de los
viejos como sujetos de deseo. Pero, por suerte, la cultura nos
provee de obras que muestran fisuras en el estereotipo y el
prejuicio.
¿Por ejemplo?
—Trato de estar atento a todo lo que aluda a un cambio. Por
eso festejé tanto la película Elsa y Fred, porque muestra una
variante en el discurso social. Si la película tuvo tanto éxito es
porque condensa algo que mucha gente está sintiendo y que posibilita
una estética del deseo en la vejez. Pero permítame volver sobre una
expresión suya —"el buscar ser joven cueste lo que cueste"— que
quizá me sonó algo reprobatoria...
Quizá lo fue, lo reconozco.
—Algunos expertos llaman "proyecto en el cuerpo y
fetichización de la sexualidad en la imagen del cuerpo más que en la
sexualidad misma" a esa intención de hacer del propio un cuerpo
deseable más allá de que después "no pase nada". Para mucha gente,
esa tarea es un verdadero recurso para hacer algo con sus vidas.
Entonces, más allá de que dependen de la "empresa del
envejecimiento" —es decir, de las múltiples ofertas comerciales que
existen contra la vejez, de las que las cirugías son apenas una
parte—, se sienten bien porque dicen "yo sin esto no puedo
trabajar", "sin esto no me animo", "ahora me siento más auténtico".
Me parece que frente a esta realidad no convienen las miradas
críticas. La gente utiliza para la vida lo que puede, y en este
sentido, si las cirugías o los tratamientos les funcionan y no
quedan atrapados en una cosa totalmente estereotipada, podemos
reconocer su legitimidad.
Pero debe haber un lugar intermedio entre los añejos
prejuicios grecorromanos y la ilusión de la juventud permanente.
¿Cómo envejecer de manera equilibrada, saludable y en plenitud?
—Es una pregunta
complicada, porque a veces es la sociedad la que determina cómo va a
ser el envejecimiento de sus indivi duos. Prefiero hablar de poder
proyectar una vejez divertida más que saludable, porque considero
que tenemos que alojar a los viejos en una ética del placer más que
del deber de cuidar su cuerpo. Yo insisto mucho en esto, incluso a
nivel erótico. El desplazamiento de lo erótico en la vejez es
flagrante.
¿A qué se refiere?
—Observe: cuando uno se encuentra con una persona joven le
pregunta cómo está, aludiendo a lo placentero de su vida. Pero
cuando uno se encuentra con una persona mayor, le pregunta cómo está
de salud. Estamos cargando al viejo con el deber utilitario de
cuidar su cuerpo, desplazando cualquier otra elección de vida. Vemos
entonces que a muchos viejos se les dificulta pensar en cómo quieren
vivir porque realmente tienen el mandato social y familiar de que
deben cuidar su cuerpo antes que nada. Dicen: "no me voy de
vacaciones porque me puede pasar algo, si llueve no puedo salir",
etc. Están limitados en el uso de su tiempo, en sus comidas, en sus
elecciones más elementales, por una lectura victoriana acerca del
cuidado de ese bien que es el cuerpo. Detrás de estas actitudes está
la idea errada e injusta de que el viejo no termina de ser alguien
habilitado para decidir cómo quiere vivir. Hay una presunción de
déficit cognitivo o de demencia, que hace que muchas veces los
viejos terminen siendo infantilizados y cercenados en su autonomía
por los que los rodean.
Me pregunto si intentar tener una vejez divertida, con
plenitud sexual y muy activa no puede convertirse, a la larga, en un
nuevo mandato que no todos puedan cumplir y se sientan mal por eso.
—Esa es precisamente la crítica más actual que encontramos en la
gerontología. Después de muchos años de insistir con el tema de la
vejez activa como modelo, lo que se está viendo es también el
fracaso de este discurso. Porque ese modelo de actividad, con el que
se intentó salir del fantasma del viejo depresivo y encallado en su
casa, puede resultar también ineficaz. ¿Por qué? Porque hay gente a
la que no le gusta estar tan activa. Hay gente que nunca fue
sociable y no la podemos meter en un centro de jubilados cuando
envejece; hay gente que nunca fue de ir a ningún lado y tampoco va a
empezar a ir de mayor. Pero también hay muchos que vivieron
trabajando toda su vida y que no tenían tiempo para las actividades
y los vínculos placenteros que deseaban y para los que la vejez es
una oportunidad de cumplir con esas asignaturas pendientes. En
definitiva, creo que el modelo que viene es el que permita un
envejecimiento lo más personal posible.
No hay edad para la belleza
Aun cuando se
mantienen estereotipos rígidos sobre la vejez, hay experiencias que
marcan una ductilidad cada vez mayor para aceptar que los viejos no
tienen por qué encasillarse en roles ni cercenar deseos.
"Hace un tiempito, en Alemania —cuenta Iacub— eligieron a la Reina
de la belleza de numerosos centros de jubilados. El premio incluía
un contrato para ser modelo de una marca importante".
"La noticia
apareció en la edición de clarin.com, donde se disparó una
discusión interesantísima. Al principio, los comentarios de los
lectores eran terribles: "¿Quién auspicia esto? ¿Planchas Atma?",
"Esto es una pérdida de tiempo, los viejos tendrían que retirarse",
etc. Y hubo quienes aprovecharon también para criticar a Mirtha
Legrand, por ejemplo".
"Pero luego
empezaron a aparecer mensajes amplios y casi reivindicativos de la
libertad a cualquier edad. Muchos sostenían que los viejos estaban
tan censurados y arrinconados como los más jóvenes, y que unos y
otros tenían que proclamar sin más su autonomía".
Señas particulares
*
Argentino, 40
años.
Psicólogo (UBA). Profesor de Salud Mental y Vejez, Isalud. Docente
de Psicogerontología Clínica y Social I y II, Facultad de
Psicología, UBA. Docente de Tercera Edad y Vejez, Facultad de
Psicología, UBA. Docente de Psicología de la Vejez en universidades
de México y Colombia.
Es
autor de "Proyectar la vida" (Manantial, 2001). A fin de mes aparece
su libro "Erótica y vejez" (Paidós).
Fonte: Clarín, 2006.
Analía Roffo -
aroffo@clarin.com
   |
 |